Prohibido discrepar

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Han vuelto a la carga. Llegaba abriendo titulares, para sorpresa de los más ingenuos, como inspirada en una de esas fantasías típicamente orwellianas que tanta excitación provoca en algunos. Ayer, por obra y gracia de Podemos, se debatía en el Congreso la toma en consideración de la “Proposición de Ley contra la discriminación por orientación sexual, identidad o expresión de género y características sexuales” saliendo adelante su tramitación parlamentaria. Tal iniciativa habría ocupado en otros tiempos las últimas líneas del más anodino panfleto local. Algo inadmisible para el común del vulgo que, además de pan et circenses, necesita asegurarse a cada instante de no estar contradiciendo la opinión mayoritaria. Y es que, dentro de las idioteces que puede uno considerar tolerables no está la de quienes pretenden legislar sobre la vida ajena.

Entre los muchos desvaríos reflejados en la propuesta, se recoge la obligación de incluir «contenidos sobre la diversidad sexual, de género y familiar en asignaturas como Conocimiento del Medio en la educación primaria o el movimiento LGTBI en Historia, en Secundaria» así como la divulgación «en todos los medios de comunicación públicos (…) de contenidos que contribuyan a una percepción del colectivo exenta de estereotipos» y la «difusión de las necesidades de las personas LGTB». Aquellos que utilicen expresiones que puedan resultar ofensivas para el referido colectivo tendrán que enfrentarse a multas de entre 20.001 y 45.000 euros.

Además, vuelven los autos de fe. Se propone crear un tribunal inquisitorial bajo el nombre de “Agencia Estatal contra la discriminación por orientación sexual, identidad de género, expresión de género y características sexuales” cuya misión sería «la ejecución de los expedientes sancionadores de las infracciones contenidas en la ley». Lo que en otras palabras podríamos llamar Policía del Pensamiento. Las terapias “de reversión”, aun siendo consentidas o solicitadas por un mayor de edad, serán sancionadas con multas de hasta 45.000 euros.

Pero cualquiera que haya leído 1984 sabrá que todavía les queda un poderosísimo elemento con el que jugar: la historia. Y no lo han pasado por alto. Proponen también la creación de un “Centro Nacional de Memoria Histórica de LGTBI” mientras continúan reafirmando que «ante cualquier infracción, cualquiera que sea su naturaleza, se procederá al decomiso y destrucción, borrado o inutilización de libros, archivos, documentos, artículos (…)». Si eso no es luchar por los derechos de los desfavorecidos, que baje Marx y lo vea.

Entre absurdos e inmoralidades, recogen también la realización de cirugías de reasignación sexual a adolescentes a partir de los 16 años sin el consentimiento paterno así como la aprobación del uso de hormonas «por sí mismos» durante la pubertad. Todo ello mientras el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales publica que el 98% de los varones y el 86% de las mujeres que durante la infancia confunden su género, acaba aceptando su sexo tras la pubertad. O mientras el Colegio Americano de Pediatras alerta del empleo de hormonas en menores bajo el riesgo de sufrir cáncer o enfermedades cerebrovasculares. Condición suficiente para la retirada inmediata de su custodia.

Ante la decadencia política la única solución posible parece el ostracismo. La despolitización absoluta. La indiferencia y el libertinaje. O esperar a que se imponga el sentido común. Porque de la unión entre la transgresión de la ‘ley natural’ y el puritanismo extremo solo puede nacer el caos, como en un cuadro de El Bosco. Mientras tanto, queda prohibido discrepar.

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Wahabismo, ‘Wasabi’ y Salafismo

 

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El culpable de un atentado, si acaso lo hay, no es nunca el propio terrorista. Esto lo lleva grabado a fuego la izquierda española, entreguista y ñoña. La foto de las Azores, la falta de empatía de anfitriones y vecinos o el apretón de manos entre Juan Carlos y Bin Abdelaziz son los pretextos más recurrentes para absolver de toda culpa a los barbudos ejecutores. Y es que la fijación de algunos contra el régimen saudí, no exento de su parte de culpa, empieza a ser sospechosa.

Nadie sabe en qué pensaba exactamente Pablo Iglesias cuando, ante las cámaras, advirtió de «lo que ha significado el ‘wasabismo’ para comprender la radicalización que ha llevado a algunos a cometer atentados». Sus declaraciones, puestas en contexto, tienen poco de casual. La obstinación casi obsesiva de Iglesias por situarse siempre del lado del régimen de Jamenei quizá tenga algo que ver con el dinero cobrado de la propia dictadura de los ayatolás. Durante tres años, hasta un mes antes de las elecciones de 2015, el secretario general de Podemos cobró hasta casi 100.000€ de Irán a través de la productora Hispan TV. Algo poco ético tratándose de un régimen catalogado como ‘catastrófico’ en materia de derechos humanos por numerosas organizaciones internacionales. Dejando a un lado esto, muy comentado ya, así como el aparente desliz fónico que le llevó a confundir una corriente islámica con una salsa nipona, analicemos la aclaración que publicó posteriormente en su cuenta de Twitter.

En respuesta a un tuit del diario Libertad Digital en el que se leía: «Pablo Iglesias confunde el wahabismo islámico con la salsa japonesa wasabi», Iglesias declaró: «Escribir wahabismo (o salafismo) islámico es tan redundante como escribir pentecostalismo cristiano, pero gracias por corregirme la dicción». Sin reparar en la comparación, creo más relevante la aparente vinculación que parece hacer entre wahabismo y salafismo, como si de sinónimos se tratasen. Segundo –y aún más grave- error.

A pesar de que en ocasiones ambos términos se utilicen como si su significado fuese el mismo -costumbre arraigada entre algunos medios-, la realidad hace algunos matices. No hace falta ser un experto –yo, de hecho, no lo soy- para advertirlos. Basta con investigar unos minutos y navegar por algunas páginas de rigor.

El salafismo ( de ‘salaf’ o ‘ancestro’) se interpreta como una ‘vuelta a los orígenes’. Este deriva de una interpretación literal del Corán y ha estado presente en el sustrato popular del Islam durante gran parte de su historia. El salafismo fue, entre la comunidad suní, una vía de escape para afrontar grandes crisis internas, ya fuesen políticas, sociales o religiosas. Su origen se puede atribuir a Ibn Hanbal, en el siglo IX, fundador de la escuela hanbalí, en un llamamiento al retorno al Islam ancestral. Esta tendencia se intensifica cuando, tras el auge del imperialismo y las invasiones coloniales, la influencia de Occidente en los países islámicos empieza a ser más palpable. La idea de volver al Islam verdadero, puro y cristalino, favorece el creciente rechazo a las nuevas formas de vida importadas del exterior: la religión se cuestiona, el mundo se industrializa y en el horizonte aparecen los primeros destellos de la aldea global. Los musulmanes comienzan a sentirse extraños en sus propias ciudades y, valiéndose del salafismo, fomentan una creciente confrontación con Occidente. Ya en nuestros días y tras las Primaveras Árabes –que nacen quizá como pretexto para justificar ciertos intereses- tales ideas que podían parecer abstractas se materializan en verdaderas amenazas.

No obstante, el propósito de desligarse de la influencia occidental y huir de la tutela económica de las potencias coloniales fue tal que acabó por desvincularse del argumento religioso. Ejemplo de ello son las políticas de Mohammed Mossadeq, primer presidente democrático de Irán, que, en un intento por independizarse de los ingleses, decide nacionalizar el petróleo y entregárselo al pueblo. Ello le acarreó graves consecuencias: la CIA orquestó la ‘Operación Ajax’ y Mossadeq fue derrocado en beneficio del Sha.

Sin embargo, el wahabismo es posterior. Con matices ya no sólo religiosos sino también políticos, se podría definir como una versión contemporánea del salafismo. Nace a raíz de las ideas de Muhámmad ibn Abd-al-Wahhab, clérigo suní, que achaca de nuevo la decadencia de los países musulmanes a la influencia exterior. Optando por una visión purista del Islam, con la Sharía por bandera y bajo la influencia del hanbalismo crea, junto a Ibn Saúd, primer monarca saudí, las bases de un nuevo estado de corte fundamentalista y autoritario. El wahabismo está asociado especialmente a Arabia Saudí y Catar, a quienes se les acusa de difundir mensajes radicales y favorecer el terrorismo yihadista. Podríamos decir, a modo de conclusión, que el salafismo es algo así como la fuente de la que bebe el wahabismo contemporáneo.

El tercer error llegó unos días después. Mohammed Al Kuwari, embajador catarí en España, publicaba una foto en su cuenta de Twitter junto a Pablo Iglesias, quien, precisamente, había señalado a Catar como uno de los países culpables de financiar el terrorismo internacional. Yo ya no entiendo nada. Y es que, como decía Maquiavelo, la política no es sino el arte de engañar.

(Este artículo fue publicado en: http://www.letralibre.es/2017/09/wahabismo-wasabi-y-salafismo.html )

Japón o Seppuku

25 de noviembre de 1970, silencioso y oscuro, el último samurái japonés se disponía a encender una última llama de salvación social, política y espiritual a Japón. Portando un emblema japonés en la cinta de su frente y con cuatro de sus más fieles y entrenados mandos miembros de la sociedad paramilitar llamada ​“Tatenokai”​ (La Sociedad del Escudo) cuya misión simbólica era dar la vida por el Emperador. Mishima hace acto de presencia.

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Se adentra en el Cuartel de Ichigaya, el cuartel general de Tokio del Comando Oriental de las Fuerzas de Autodefensa de Japón y tras amordazar a Kanetoshi Mashita, comandante en jefe del Ejército, forma barricadas en su despacho y se dirige hacia el balcón para lanzar un mensaje atronador a los soldados del ejército japonés que, a las afueras, contemplaban su acción.

Sin temor a la muerte ni a las consecuencias, estaba decidido a recuperar la soberanía y los valores de un pueblo inmerso en la podredumbre de lo moderno. Dirigido. Una especie de revancha de una Guerra en la cual no pudo participar por tuberculosis, y que quemaría poco a poco su espíritu.

Uniforme militar, forme mirada, a viva voz y como si un rayo de luz atravesara sus entrañas promulgó:

«¡Hemos visto a Japón emborracharse de prosperidad y caer en un vacío espiritual… hemos tenido que contemplar a los japoneses profanando su historia y sus tradiciones… el auténtico Japón es el verdadero espíritu del samurai… cuando vosotros (soldados) despertéis, Japón despertará con vosotros… Tras meditarlo serenamente a lo largo de cuatro años, he decidido sacrificarme por las antiguas y hermosas tradiciones del Japón, que desaparecen velozmente, día a día… El ejército siempre ha tratado bien al Tatenokai, ¿Por qué entonces mordemos la mano que nos ha tendido? Precisamente porque lo reverenciamos… Salvemos al Japón, al Japón que amamos.!»

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Nadie le escuchó y Mishima humillado, entró de nuevo en el cuartel y meticulosamente, comenzó con el código tradicional y ritual de suicidio “​Sepukku”​. A sus 45 años un genio de la literatura contemporánea caía en las sombras, para siempre.

Su muerte fue la abdicación del Japón Antiguo e ilustres de la literatura acudieron a su entierro. Entre ellos su mentor y premio nobel Yasunari Kawabata.

Entre sus obras más destacadas está su autobiográfica ​“​Confesiones de una Máscara”. Sed de amor” (1950), “Color prohibido” (1954), “El pabellón de oro” (1956), “El marinero que perdió la gracia del mar” (1963), y su tetralogía “El mar de la fertilidad” (1970) en la que se incluyen “Nieve de primavera”, “Caballos desbocados”, “El templo de alba”, “La corrupción de un ángel”, “El rumor del oleaje” (1956), “Después del banquete” (1960), “Música” y “Lecciones espirituales para los jóvenes samuráis”.

Obras teatrales como “La marquesa de Sade” (1965) y su cortometraje “Yokoku”, llegando a representar en el su propio suicidio.

Consiguió el Premio Shincho, el Premio Kishida por Drama, el Premio Yomiuri a la mejor novela, y el Premio Yomiuri por el mejor drama. Siendo candidato al Premio Nobel de Literatura en varias ocasiones.

Una estancia en este mundo marcada por el tormento paulatino y la necesidad de exponer al mundo su visión de la vida de forma artística, la cual nos enseña como la decadente sociedad posguerra mundial corrompe los espíritus. Haciendo mella en aquellos que aún conservan los valores antiguos y llevándolos como última opción, al igual que su mentor Kawabata entre otros muchos héroes, a una victoria honrosa y un merecido descanso. La muerte.

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@kimitakhiraoka

Nación de naciones y tontos de los cojones

 

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Fotografía de Santiago Felipe/Getty Images

Llego un poco tarde. Yoko Ono se ha sumado al manifiesto «Let Catalans vote» de la mano de los bufones de Junqueras y Puigdemont. También lo ha hecho algún que otro futbolista al que ya se le había pasado el arroz. No sé hasta que punto esta artista y performer –así lo dice la Wikipedia- conoce nuestra Constitución. Pero da igual. Poco se podía esperar de la rencientemente reconocida coautora de ‘Imagine’: esa pieza de barbarie musical.

Un mundo «sin países ni religiones», demandaba Lennon. No es casualidad que la canción haya sido escogida por el progrerío internacional como un estandarte de la paz frente al terrorismo. Porque es por todos sabido que –nótese la ironía- nada hay mejor para combatir esta lacra que hacer desaparecer las fronteras. «Levantar más puentes y menos muros», dicen los horteras. Y porque resulta más fácil criticar a todas las religiones desde la equidistancia que condenar la interpretación que unos cuantos hacen de la suya. Les guste o no, contra los malos siempre será más efectivo un fusil que una bonita estrofa.

Sean cuales fueren sus intenciones, la realidad es que el mensaje subyacente de la canción no podía ser más funesto. El mundo del arcoiris y el relativismo más inmoral. El reflejo de la conciencia posmoderna, carente de valores. Y del fatídico ‘todo vale’. Así nos va.

Espero que los soñadores sean pocos. Cuantos menos mejor. Lo que todavía no acierto a comprender es cómo se proclamará independiente Cataluña en ese mundo sin países ni fronteras.

Grazie, maestro

 

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Fotografía de Víctor Echave (La Opinión A Coruña)

Su voz encadena, como las sirenas de Ulises. Le ha escrito una carta al gobernador de Libia y ha venido a hacer la latinización de la lengua árabe. No mordió el anzuelo de Jomeini y le gusta el pensamiento radical. Viene recto de la alta cultura de los sumerios; de Mesopotamia, como Isaac de Nínive. Y duerme dentro de un saco para no perder el contacto con la tierra. Así es Franco Battiato: único en su especie.

Ayer ofreció uno de sus conciertos en La Coruña. Pero lo que allí se vivió fue mucho más que un simple repertorio de obras maestras. La poesía, la sensibilidad, la música y la cultura se elevaron al máximo exponente. Aunque al son de L’ombra della luce cualquiera se creería inmerso en una profunda experiencia religiosa.

Así comenzó el recital. Sentado sobre una alfombra –como ya hiciera en Bagdad allá por el 92– que cubría el féretro sobre el que espera pacientemente la reencarnación. Cantó en italiano, pero el lenguaje de la belleza es universal. Y consiguió lo que pocos consiguen: provocar la admiración de un público de todas las edades, entregado al ritmo del cosmos e indiferente a la tiranía de las modas. Siempre me han gustado más las minorías.

Ahora ya lo sabemos: we never die, we were never born, porque somos seres inmortales caídos en la oscuridad. Como sus letras, tesoros imperecederos impasibles a la sombra de la falsa cultura que nos asfixia. Algo así solo puede ser fruto de la experiencia de quien ha vivido siempre buscando un centro de gravedad permanente.

Torquemada ha vuelto

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Agárrense a la silla. Varias bibliotecas suecas han censurado los cuentos de Pippi Calzaslargas por contener expresiones racistas. El debate, abierto en 2011 por una teóloga alemana, saltó a la fama en 2014 cuando la televisión, también sueca, se propuso eliminar fragmentos de la serie infantil para adaptarla a los estándares actuales. Y es que jugar a «hacer el chino» o referirse al «rey negro» rozaba lo inadmisible. La misma suerte corrió Tintín, cuando sus andanzas en el Congo fueron prohibidas en varios países por hacer «apología del colonialismo» y resultar «insultante para los negros».

Pero la lista es larga: cineastas, músicos y literatos de nuestros días también han tenido que lidiar con el motín de los moralistas. El monstruo de la corrección política extiende sus tentáculos, atraviesa nuestras pantallas y estrangula al que discrepa. Aparece entre los libros escolares de los más pequeños, en las paredes del metro o en el silencio del que prefiere callar y no decir nada. Y apaga, poco a poco, la llama de la libertad.

Quizás en unos años, si los puritanos tienen el detalle, podamos disponer de un manual donde se nos enseñe a existir sin resultar ofensivos. Donde no temer más la denuncia, el escarnio público o el auto de fe. O podemos ser inhumanos y cantar con alegría aquello de Las chicas no tienen pilila aunque hoy constituya un delito de odio. O hacer caso a Luis Alberto de Cuenca cuando, en boca de Loquillo, nos invita a decir cosas que nos lleven a la hoguera y a disfrutar pegando a un pedagogo. Mordamos la cabeza de serpiente, escupámosla lejos y digámosles con la cabeza bien alta y la boca llena de dientes: ¡váyanse todos a la mierda!

Entrevista digital: Inma Sequí

Es común entre los políticos no decir todo lo que piensan o no pensar todo lo que dicen. No creo que este sea el caso. Por eso, y no por afán de suscribir cada una de sus opiniones personales, decidí entrevistar a Inma. Han sido razones geográficas las que han impedido concertar un diálogo en persona optando así por la vía digital. De esta forma, las preguntas han sido respondidas de forma independiente sin existir una interrelación entre ellas. Sin más demora, vayamos a lo importante:

thumbnail_19420880_967232656750426_5437685191322183743_nInmaculada Sequí nació en la ciudad de Cuenca en 1996. En 2014 comenzó a militar en VOX, convirtiéndose en la presidenta del Comité Ejecutivo Provincial de esta formación en Cuenca, su tierra natal. Fue candidata a la Alcaldía de esta ciudad en las elecciones municipales de 2015 con tan solo 18 años, convirtiéndose en la cabeza de lista más joven en una capital de provincia. En las generales de ese mismo año, ocupó el número 4 de la lista de VOX al Congreso por Madrid. Fue elegida Vicesecretaria de Juventud a nivel nacional, cargo que ocupó hasta hace unos meses. El 21 de mayo de 2017 envió una carta abierta a Santiago Abascal con la que se daba de baja. Su última aparición pública tras esto fue de la mano de Españoles En Acción, una ONG de ayuda a españoles, amadrinando un torneo de fútbol solidario en Alcalá de Henares -en la foto-.

1. Empezaste en política siendo muy joven. ¿Qué te hizo dar el salto?

Todo joven ansía en algún momento con hacerse con la mayoría de edad por algún motivo: entrar en una discoteca, sacarse el carnet de conducir… Yo quería la mía para militar de forma activa en política, pero, para llegar a esto hay que remontarse a mi niñez. Al contrario de lo que mucha gente piensa, no tengo antecedentes políticos en mi familia. Como en todas las casas, existe una tendencia, se opina y se ve el telediario. Mi padre es el más interesado en el tema, por señalar a algún culpable. Supo transmitirme su concepto de patria y patriotismo y me enseñó a amar a mi tierra. Me hizo ese regalo. Esas son las razones, aunque, cuando di ese salto tan prematuro no sabía que a los pocos meses encabezaría la lista de VOX en mi ciudad, ni que mi primer voto sería para mí misma.

2. Tanto en las instituciones como en los medios de comunicación, la corrección política se impone a la realidad. ¿A qué crees que se debe esto?

La corrección política es la ideología de los poderosos del dinero que aspiran a una completa transformación social. Partiendo de esta base, no es sorprendente que en las instituciones se hable desde esa corrección ni que los medios de comunicación se hayan convertido en herramientas para manipular a las masas. Sencillamente sirven a sus amos a cambio de una propina más o menos generosa. Igualmente, no es algo nuevo, ahora nos llama la atención más por su agresividad contra todo el que difiere de sus absurdos dogmas. Para que se entienda, los que no comulgamos con la corrección política, somos como los herejes de la Iglesia en la Edad Media.

3. Manifestar determinadas opiniones en redes sociales puede entrañar ciertos riesgos. ¿Piensas que deberíamos ponerle límite a la libertad de expresión?

Todo tiene un límite. El problema de las redes sociales no somos aquellos que cuestionamos el pensamiento único o cuyos comentarios se alejan de esa corrección de la que ya hemos hablado, son esas personas que escudadas bajo el anonimato, delinquen. Yo, como otros tantos, he recibido amenazas por mis opiniones que de ninguna forma tienen que agradar a todo el mundo. Eso es delito. Hemos visto cómo se ha atentado contra el honor y la dignidad de ciertas personas o se ha hecho apología del terrorismo. Eso son auténticos delitos y deben ser perseguidos.

4. La inmigración masiva es uno de los grandes problemas de Europa y conocemos tu enérgica defensa de las fronteras. ¿Crees también en las fronteras económicas?

Sí, soy partidaria, por ejemplo, de la implantación de aranceles que protejan la producción nacional y regulen la importación de productos foráneos. En resumen, soy partidaria de la puesta en marcha de lo que los expertos llaman proteccionismo económico y que yo prefiero llamar patriotismo económico. Se trata, al fin y al cabo, de una serie de medidas dirigidas a recuperar nuestra soberanía y evitar la injerencia extranjera también en nuestra actividad económica. Prioridad nacional.

Soy partidaria de lo que los expertos llaman proteccionismo económico y que yo prefiero llamar patriotismo económico

5. El problema de la inmigración ha contribuido a visibilizar una nueva corriente en el mundo occidental: el ascenso de Le Pen, Trump, Orbán, el Brexit… ¿crees que esta tendencia tiene futuro en España? ¿La consideras positiva?

Puede tenerlo a largo plazo, ojalá. Hay una gran cantidad de análisis dirigidos aparentemente a buscar los motivos por los que no surge en España esa derecha alternativa y cuyas conclusiones yo entiendo como excusas. Que aparezca o no, depende de los que la consideramos necesaria y por ende, más que positiva. Pero ello requiere trabajo y lo más difícil en política: dejar atrás personalismos, escuchar y ceder en más de un aspecto. Por eso le he hablado antes de excusas, la más dada es la de la Guerra y el período franquista. Liberales y progresistas por igual no tienen problema en colocarnos a los patriotas la etiqueta de fascista, ultraderechista o proclamarnos descendientes directos del mismísimo Franco. ETA también lo hacía con quienes suponían un escollo en su camino. Funcionó, pero solo un tiempo.

6. Sobre los conflictos en Oriente Medio: ¿Crees que España debería tomar parte activa en estos?

No. En primer lugar, porque España no está implicada directamente en ningún conflicto y en segundo, por nuestra pertenencia a la Alianza. En este sentido, cabe recordar la inexistencia de armas químicas en Irak que se vendió desde Washington y que España estuvo en esa guerra defendiendo intereses muy lejanos a los propios, a los nacionales. Las consecuencias de aquello las seguimos pagando. En el panorama actual, puedo lamentar que España no esté combatiendo el terrorismo islámico en zonas como Siria, pero somos un títere de la OTAN y la ONU. Solo concebiría la intervención de España en esa y otras regiones de Oriente de la mano de las fuerzas rusas, que, pese a quien pese, son quienes están combatiendo realmente el terrorismo.

7. El terrorismo yihadista es una amenaza a escala internacional. Islam y Occidente: ¿se trata de un choque de civilizaciones o es una guerra contra el fundamentalismo?

Tratar al Islam como una confesión religiosa más es el primer error. El Islam tiene aspiraciones políticas y materiales, lo que lo hace incompatible con las democracias occidentales, en las que lo político y lo religioso están separados. A largo plazo, el islamismo, además, aspira a extender por todo el mundo el Islam valiéndose tanto de la fuerza, lo que conocemos como yihadismo, como de otros medios como la conquista silenciosa, a través de la inmigración. Entendido esto, la defensa de nuestra cultura e identidad, basada en el cristianismo, resulta primordial si queremos preservar nuestras libertades y no conocer una Europa de mayoría musulmana.

El Islam tiene aspiraciones políticas y materiales, lo que lo hace incompatible con las democracias occidentales

8. Algunos de nuestros políticos han rebautizado a terroristas como presos políticos y sus simpatizantes están en nuestras instituciones. ¿Algo está fallando en nuestra justicia?

Cuando la política entra por la puerta de un juzgado, la justicia sale por la ventana. En España ocurre eso, por lo que la justicia es inexistente. Lo ocurrido con ETA es un proceso pactado, un acuerdo político que supone la desaparición del famoso Estado de derecho. Todavía no conocemos el contenido de las actas de negociación con la banda terrorista que con tanto ahínco exigió el PP a los socialistas en su día, aunque nos da una idea de por qué la excarcelación de terroristas acompañados de pederastas y otros delincuentes, de por qué la vía Nanclares continúa vigente o por qué no se ha aplicado la Ley de partidos para que los brazos políticos de ETA queden fuera de las instituciones. Ahora que se han cumplido 20 años del asesinato de Miguel Ángel Blanco y se han celebrado múltiples homenajes, hubiese sido un buen momento para hablar si tanto se quiere dignificar su figura y la de todas las víctimas, pero esos actos ahora están dirigidos más a lavar la cara a los de las pistolas y los zulos y a los que les han favorecido que a honrar a las víctimas.

Cuando la política entra por la puerta de un juzgado, la justicia sale por la ventana

9. ¿Libertad o seguridad?

La libertad necesita de la seguridad, es su esencia. Este debate es muy antiguo, pero estará de acuerdo conmigo en que es preferible que la policía practique registros y deje fuera de circulación a un terrorista a lo contrario, y que con ese individuo detenido usted y yo somos más libres.

10. Sabemos que recientemente has abandonado la política. ¿Tienes algún proyecto en mente?

Abandonar un proyecto político no significa necesariamente abandonar la política. Yo siempre he dicho que la política es servicio, o que al menos así debería ser concebida. Un partido político es una simple herramienta para llevar a cabo esa labor. Pero, respondiendo a su pregunta, no puedo aventurar qué hare ni dónde estaré de aquí a unos meses. Solo puedo decirle que tenía que hacer autocrítica, y que en ello estoy. Primero porque quiero ser útil para España en un futuro y segundo porque me lo debía.