Nación de naciones y tontos de los cojones

 

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Fotografía de Santiago Felipe/Getty Images

Llego un poco tarde. Yoko Ono se ha sumado al manifiesto «Let Catalans vote» de la mano de los bufones de Junqueras y Puigdemont. También lo ha hecho algún que otro futbolista al que ya se le había pasado el arroz. No sé hasta que punto esta artista y performer –así lo dice la Wikipedia- conoce nuestra Constitución. Pero da igual. Poco se podía esperar de la rencientemente reconocida coautora de ‘Imagine’: esa pieza de barbarie musical.

Un mundo «sin países ni religiones», demandaba Lennon. No es casualidad que la canción haya sido escogida por el progrerío internacional como un estandarte de la paz frente al terrorismo. Porque es por todos sabido que –nótese la ironía- nada hay mejor para combatir esta lacra que hacer desaparecer las fronteras. «Levantar más puentes y menos muros», dicen los horteras. Y porque resulta más fácil criticar a todas las religiones desde la equidistancia que condenar la interpretación que unos cuantos hacen de la suya. Les guste o no, contra los malos siempre será más efectivo un fusil que una bonita estrofa.

Sean cuales fueren sus intenciones, la realidad es que el mensaje subyacente de la canción no podía ser más funesto. El mundo del arcoiris y el relativismo más inmoral. El reflejo de la conciencia posmoderna, carente de valores. Y del fatídico ‘todo vale’. Así nos va.

Espero que los soñadores sean pocos. Cuantos menos mejor. Lo que todavía no acierto a comprender es cómo se proclamará independiente Cataluña en ese mundo sin países ni fronteras.

Grazie, maestro

 

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Fotografía de Víctor Echave (La Opinión A Coruña)

Su voz encadena, como las sirenas de Ulises. Le ha escrito una carta al gobernador de Libia y ha venido a hacer la latinización de la lengua árabe. No mordió el anzuelo de Jomeini y le gusta el pensamiento radical. Viene recto de la alta cultura de los sumerios; de Mesopotamia, como Isaac de Nínive. Y duerme dentro de un saco para no perder el contacto con la tierra. Así es Franco Battiato: único en su especie.

Ayer ofreció uno de sus conciertos en La Coruña. Pero lo que allí se vivió fue mucho más que un simple repertorio de obras maestras. La poesía, la sensibilidad, la música y la cultura se elevaron al máximo exponente. Aunque al son de L’ombra della luce cualquiera se creería inmerso en una profunda experiencia religiosa.

Así comenzó el recital. Sentado sobre una alfombra –como ya hiciera en Bagdad allá por el 92– que cubría el féretro sobre el que espera pacientemente la reencarnación. Cantó en italiano, pero el lenguaje de la belleza es universal. Y consiguió lo que pocos consiguen: provocar la admiración de un público de todas las edades, entregado al ritmo del cosmos e indiferente a la tiranía de las modas. Siempre me han gustado más las minorías.

Ahora ya lo sabemos: we never die, we were never born, porque somos seres inmortales caídos en la oscuridad. Como sus letras, tesoros imperecederos impasibles a la sombra de la falsa cultura que nos asfixia. Algo así solo puede ser fruto de la experiencia de quien ha vivido siempre buscando un centro de gravedad permanente.

Torquemada ha vuelto

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Agárrense a la silla. Varias bibliotecas suecas han censurado los cuentos de Pippi Calzaslargas por contener expresiones racistas. El debate, abierto en 2011 por una teóloga alemana, saltó a la fama en 2014 cuando la televisión, también sueca, se propuso eliminar fragmentos de la serie infantil para adaptarla a los estándares actuales. Y es que jugar a «hacer el chino» o referirse al «rey negro» rozaba lo inadmisible. La misma suerte corrió Tintín, cuando sus andanzas en el Congo fueron prohibidas en varios países por hacer «apología del colonialismo» y resultar «insultante para los negros».

Pero la lista es larga: cineastas, músicos y literatos de nuestros días también han tenido que lidiar con el motín de los moralistas. El monstruo de la corrección política extiende sus tentáculos, atraviesa nuestras pantallas y estrangula al que discrepa. Aparece entre los libros escolares de los más pequeños, en las paredes del metro o en el silencio del que prefiere callar y no decir nada. Y apaga, poco a poco, la llama de la libertad.

Quizás en unos años, si los puritanos tienen el detalle, podamos disponer de un manual donde se nos enseñe a existir sin resultar ofensivos. Donde no temer más la denuncia, el escarnio público o el auto de fe. O podemos ser inhumanos y cantar con alegría aquello de Las chicas no tienen pilila aunque hoy constituya un delito de odio. O hacer caso a Luis Alberto de Cuenca cuando, en boca de Loquillo, nos invita a decir cosas que nos lleven a la hoguera y a disfrutar pegando a un pedagogo. Mordamos la cabeza de serpiente, escupámosla lejos y digámosles con la cabeza bien alta y la boca llena de dientes: ¡váyanse todos a la mierda!

Entrevista digital: Inma Sequí

Es común entre los políticos no decir todo lo que piensan o no pensar todo lo que dicen. No creo que este sea el caso. Por eso, y no por afán de suscribir cada una de sus opiniones personales, decidí entrevistar a Inma. Han sido razones geográficas las que han impedido concertar un diálogo en persona optando así por la vía digital. De esta forma, las preguntas han sido respondidas de forma independiente sin existir una interrelación entre ellas. Sin más demora, vayamos a lo importante:

thumbnail_19420880_967232656750426_5437685191322183743_nInmaculada Sequí nació en la ciudad de Cuenca en 1996. En 2014 comenzó a militar en VOX, convirtiéndose en la presidenta del Comité Ejecutivo Provincial de esta formación en Cuenca, su tierra natal. Fue candidata a la Alcaldía de esta ciudad en las elecciones municipales de 2015 con tan solo 18 años, convirtiéndose en la cabeza de lista más joven en una capital de provincia. En las generales de ese mismo año, ocupó el número 4 de la lista de VOX al Congreso por Madrid. Fue elegida Vicesecretaria de Juventud a nivel nacional, cargo que ocupó hasta hace unos meses. El 21 de mayo de 2017 envió una carta abierta a Santiago Abascal con la que se daba de baja. Su última aparición pública tras esto fue de la mano de Españoles En Acción, una ONG de ayuda a españoles, amadrinando un torneo de fútbol solidario en Alcalá de Henares -en la foto-.

1. Empezaste en política siendo muy joven. ¿Qué te hizo dar el salto?

Todo joven ansía en algún momento con hacerse con la mayoría de edad por algún motivo: entrar en una discoteca, sacarse el carnet de conducir… Yo quería la mía para militar de forma activa en política, pero, para llegar a esto hay que remontarse a mi niñez. Al contrario de lo que mucha gente piensa, no tengo antecedentes políticos en mi familia. Como en todas las casas, existe una tendencia, se opina y se ve el telediario. Mi padre es el más interesado en el tema, por señalar a algún culpable. Supo transmitirme su concepto de patria y patriotismo y me enseñó a amar a mi tierra. Me hizo ese regalo. Esas son las razones, aunque, cuando di ese salto tan prematuro no sabía que a los pocos meses encabezaría la lista de VOX en mi ciudad, ni que mi primer voto sería para mí misma.

2. Tanto en las instituciones como en los medios de comunicación, la corrección política se impone a la realidad. ¿A qué crees que se debe esto?

La corrección política es la ideología de los poderosos del dinero que aspiran a una completa transformación social. Partiendo de esta base, no es sorprendente que en las instituciones se hable desde esa corrección ni que los medios de comunicación se hayan convertido en herramientas para manipular a las masas. Sencillamente sirven a sus amos a cambio de una propina más o menos generosa. Igualmente, no es algo nuevo, ahora nos llama la atención más por su agresividad contra todo el que difiere de sus absurdos dogmas. Para que se entienda, los que no comulgamos con la corrección política, somos como los herejes de la Iglesia en la Edad Media.

3. Manifestar determinadas opiniones en redes sociales puede entrañar ciertos riesgos. ¿Piensas que deberíamos ponerle límite a la libertad de expresión?

Todo tiene un límite. El problema de las redes sociales no somos aquellos que cuestionamos el pensamiento único o cuyos comentarios se alejan de esa corrección de la que ya hemos hablado, son esas personas que escudadas bajo el anonimato, delinquen. Yo, como otros tantos, he recibido amenazas por mis opiniones que de ninguna forma tienen que agradar a todo el mundo. Eso es delito. Hemos visto cómo se ha atentado contra el honor y la dignidad de ciertas personas o se ha hecho apología del terrorismo. Eso son auténticos delitos y deben ser perseguidos.

4. La inmigración masiva es uno de los grandes problemas de Europa y conocemos tu enérgica defensa de las fronteras. ¿Crees también en las fronteras económicas?

Sí, soy partidaria, por ejemplo, de la implantación de aranceles que protejan la producción nacional y regulen la importación de productos foráneos. En resumen, soy partidaria de la puesta en marcha de lo que los expertos llaman proteccionismo económico y que yo prefiero llamar patriotismo económico. Se trata, al fin y al cabo, de una serie de medidas dirigidas a recuperar nuestra soberanía y evitar la injerencia extranjera también en nuestra actividad económica. Prioridad nacional.

Soy partidaria de lo que los expertos llaman proteccionismo económico y que yo prefiero llamar patriotismo económico

5. El problema de la inmigración ha contribuido a visibilizar una nueva corriente en el mundo occidental: el ascenso de Le Pen, Trump, Orbán, el Brexit… ¿crees que esta tendencia tiene futuro en España? ¿La consideras positiva?

Puede tenerlo a largo plazo, ojalá. Hay una gran cantidad de análisis dirigidos aparentemente a buscar los motivos por los que no surge en España esa derecha alternativa y cuyas conclusiones yo entiendo como excusas. Que aparezca o no, depende de los que la consideramos necesaria y por ende, más que positiva. Pero ello requiere trabajo y lo más difícil en política: dejar atrás personalismos, escuchar y ceder en más de un aspecto. Por eso le he hablado antes de excusas, la más dada es la de la Guerra y el período franquista. Liberales y progresistas por igual no tienen problema en colocarnos a los patriotas la etiqueta de fascista, ultraderechista o proclamarnos descendientes directos del mismísimo Franco. ETA también lo hacía con quienes suponían un escollo en su camino. Funcionó, pero solo un tiempo.

6. Sobre los conflictos en Oriente Medio: ¿Crees que España debería tomar parte activa en estos?

No. En primer lugar, porque España no está implicada directamente en ningún conflicto y en segundo, por nuestra pertenencia a la Alianza. En este sentido, cabe recordar la inexistencia de armas químicas en Irak que se vendió desde Washington y que España estuvo en esa guerra defendiendo intereses muy lejanos a los propios, a los nacionales. Las consecuencias de aquello las seguimos pagando. En el panorama actual, puedo lamentar que España no esté combatiendo el terrorismo islámico en zonas como Siria, pero somos un títere de la OTAN y la ONU. Solo concebiría la intervención de España en esa y otras regiones de Oriente de la mano de las fuerzas rusas, que, pese a quien pese, son quienes están combatiendo realmente el terrorismo.

7. El terrorismo yihadista es una amenaza a escala internacional. Islam y Occidente: ¿se trata de un choque de civilizaciones o es una guerra contra el fundamentalismo?

Tratar al Islam como una confesión religiosa más es el primer error. El Islam tiene aspiraciones políticas y materiales, lo que lo hace incompatible con las democracias occidentales, en las que lo político y lo religioso están separados. A largo plazo, el islamismo, además, aspira a extender por todo el mundo el Islam valiéndose tanto de la fuerza, lo que conocemos como yihadismo, como de otros medios como la conquista silenciosa, a través de la inmigración. Entendido esto, la defensa de nuestra cultura e identidad, basada en el cristianismo, resulta primordial si queremos preservar nuestras libertades y no conocer una Europa de mayoría musulmana.

El Islam tiene aspiraciones políticas y materiales, lo que lo hace incompatible con las democracias occidentales

8. Algunos de nuestros políticos han rebautizado a terroristas como presos políticos y sus simpatizantes están en nuestras instituciones. ¿Algo está fallando en nuestra justicia?

Cuando la política entra por la puerta de un juzgado, la justicia sale por la ventana. En España ocurre eso, por lo que la justicia es inexistente. Lo ocurrido con ETA es un proceso pactado, un acuerdo político que supone la desaparición del famoso Estado de derecho. Todavía no conocemos el contenido de las actas de negociación con la banda terrorista que con tanto ahínco exigió el PP a los socialistas en su día, aunque nos da una idea de por qué la excarcelación de terroristas acompañados de pederastas y otros delincuentes, de por qué la vía Nanclares continúa vigente o por qué no se ha aplicado la Ley de partidos para que los brazos políticos de ETA queden fuera de las instituciones. Ahora que se han cumplido 20 años del asesinato de Miguel Ángel Blanco y se han celebrado múltiples homenajes, hubiese sido un buen momento para hablar si tanto se quiere dignificar su figura y la de todas las víctimas, pero esos actos ahora están dirigidos más a lavar la cara a los de las pistolas y los zulos y a los que les han favorecido que a honrar a las víctimas.

Cuando la política entra por la puerta de un juzgado, la justicia sale por la ventana

9. ¿Libertad o seguridad?

La libertad necesita de la seguridad, es su esencia. Este debate es muy antiguo, pero estará de acuerdo conmigo en que es preferible que la policía practique registros y deje fuera de circulación a un terrorista a lo contrario, y que con ese individuo detenido usted y yo somos más libres.

10. Sabemos que recientemente has abandonado la política. ¿Tienes algún proyecto en mente?

Abandonar un proyecto político no significa necesariamente abandonar la política. Yo siempre he dicho que la política es servicio, o que al menos así debería ser concebida. Un partido político es una simple herramienta para llevar a cabo esa labor. Pero, respondiendo a su pregunta, no puedo aventurar qué hare ni dónde estaré de aquí a unos meses. Solo puedo decirle que tenía que hacer autocrítica, y que en ello estoy. Primero porque quiero ser útil para España en un futuro y segundo porque me lo debía.

Libertad, desigualdad y fraternidad

“Hay una aristocracia natural entre los hombres. Las razones de esto son virtud y talentos” Thomas Jefferson

Desde finales del s.XIX, la defensa de la igualdad no ha dejado de ganar adeptos. También hoy la peligrosa doctrina igualitarista sigue ratificándose de forma casi incuestionable. Su defensa se ha impuesto con el mismo dogmatismo con que se niega el valor de la diferencia como base de nuestra propia naturaleza. Como tantos otros fenómenos de masas, este ha de ser observado con cautela.

El propio término ‘igualdad’ puede dar lugar a ambigüedades, por lo que cabe precisar el contexto en que se utiliza. Su valor es innegable en tanto en cuanto establece un único marco legal y jurídico entre individuos de una misma sociedad. La igualdad ante la ley –en derechos y deberes– constituye uno de los pilares fundamentales de cualquier sociedad democrática. Cuando, sin embargo, esta sirve para disfrazar los deseos de unos pocos y transformarlos en hechos irrefutables, su defensa entraña ciertos peligros. La igualdad social, económica o cultural, son fantasías irrealizables que suelen desembocar en espantosas catástrofes.

Su estandarte estuvo siempre en el centro de la doctrina socialista, –democracia es igualdad -decía Lenin, lo que les sirvió para llevar a cabo una guerra sin cuartel contra las libertades individuales. Eliminar cualquier tipo de diferencia entre individuos era el paso necesario para crear un nuevo hombre y transformarlo en una mera pieza dentro de la maquinaria del Estado. Para sostener tal postura, se negó hasta lo más evidente. Durante la Unión Soviética, las hipótesis pseudocientíficas de Lysenko, a cargo de la Academia de Ciencias Agrícolas, sirvieron a Stalin para arrestar y ejecutar a cientos de científicos. Las teorías darwinistas constituían un grave peligro, pues reconocían la existencia de características heredadas, algo totalmente incompatible con el genuino ideal de la igualdad. La identidad del hombre resultó ser el efecto de una simple construcción social y se negó la validez científica de la genética. Acercándose al lamarquismo, Lysenko entendía que cuanto mejor fuese el entorno, tanto mejor sería el individuo. Hoy sabemos que la herencia –biológica o no–constituye un elemento determinante en lo físico, lo psíquico y lo social. Y que perseguirla es una absurda irresponsabilidad.

Pero el igualitarismo irracional y dogmático no murió con Stalin. Más bien recicló sus posturas. Durante los últimos años se ha ido extendido un novedoso concepto: la igualdad de género. Esta no trata, ni mucho menos, de promover el mismo trato ante la ley, pues este ya existe: “Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social.” (Art.14 Constitución). En una nueva cruzada contra el sentido común, sus defensores tratan de anular cualquier diferencia entre hombres y mujeres. Redefiniendo términos básicos y exprimiendo el lenguaje, dicen distinguir entre sexo biológico y género como construcción social. Sumidos en un mar de confusiones, el ser hombre o mujer es ya una mera y alterable cuestión de sentimientos. De nuevo, pseudopedagogos y charlatanes a sueldo de grandes lobbies han decidido enterrar los preceptos de la sensatez y la biología de secundaria en pro de argumentos vacíos y profundamente victimistas.

Sin embargo nuestra historia está construida sobre profundas desigualdades. El progreso humano no habría sido tal sin el anhelo de ciertos hombres de diferenciarse, de superar al resto. De batirse en duelo con lo ordinario y enseñar sus colmillos a la manada. De levantar el vuelo del corral y aventurarse a planear sobre el acantilado. Y de aprovechar, por qué no, las concesiones de la naturaleza, sus dones personales. Pero el afán homogeneizador de algunos no es fortuito. Tales dislates son inevitables en una sociedad que contempla su alrededor bajo el prisma del relativismo. Donde nada es y todo puede ser. Donde todo se cuestiona y se somete a juicio. Donde los hombres no son hombres ni las mujeres son mujeres. Donde gobierna el sentimiento y no la verdad. Donde, en definitiva, aspiramos a ser iguales y no libres.

El nuevo mito de la caverna

“El individuo ha luchado siempre para no ser absorbido por la tribu. Si lo intentas, a menudo estarás solo, y a veces asustado. Pero ningún precio es demasiado alto por el privilegio de ser uno mismo.”

Friedrich Wilhelm Nietzsche

Son tiempos difíciles para los disidentes. Discrepar de las masas se ha convertido en un verdadero acto de osadía bajo el riesgo de ser etiquetado y estigmatizado. La corrección política, la cobardía y el miedo a romper la baraja hacen que sean pocos los que se atreven a revelarse contra la doctrina impuesta.

España apesta a demagogia, a filosofías baratas y a discursos moralistas. Los medios de comunicación capitaneados por pijoprogres con gafas de pasta rezuman un sectarismo algodonado y atroz que criminaliza todo cuanto pueda sonar a heterodoxia. Estos, bajo la sombra de una izquierda hipersensible y acomplejada, tratan de imponer sus dogmas a golpe de martillo y señalar a quienes no comulgan con sus ideas. Como consecuencia, una marea de idiotismo y uniformidad orienta y canaliza la opinión del rebaño.

Es aquí cuando el poder de la manada ejerce su influencia. La libertad de pensamiento es absorbida por la sumisión y el temor al estigma. El individuo evita llamar la atención, salirse del grupo. Evita cuestionarse lo establecido y acaba por aceptar los preceptos de la mayoría. Los puritanos, los pusilánimes y los eternos escandalizados vencen. La tiranía del número siempre vence. La inquietud intelectual, la pluralidad de pensamiento y la huida del convencionalismo son sustituidas por los prejuicios y las etiquetas en una España todavía dividida en dos. En una España en que todo el mundo opina de todo sin tener idea de nada y se le pone un micrófono al primer idiota de turno. Esa multitud uniforme y homogénea, la misma que asesinó a Sócrates, contempla con arrogancia a quienes no adulan a totalitarios disfrazados de progresistas ni a cretinos con máscara de intelectuales.

Que se arrastren las serpientes, que hasta que la virtud sea motivo de vergüenza y la mediocridad se convierta en imposición, volarán los halcones.

(Este artículo fue publicado en http://www.letralibre.es/2017/01/el-nuevo-mito-de-la-caverna.html )

Noches de amnesia

Una calle mal iluminada, apenas transitada. Y una ventana. Apenas se distingue esta del resto de la fachada en que reposa. Se trata un de un sobrio edificio que creía abandonado. Viejo y húmedo. Corroído por el paso del tiempo.  Por causa alguna de orden superior, alzo la mirada. Y entonces la veo.

Es una mujer. Una anciana, para ser exactos. Una anciana en bata azul que me devuelve la mirada. Se oculta tras el cristal, fría y distante. Su contorno se pierde en la penumbra de la habitación, lóbrega y sombría. Noto algo en su mirada. Quizás nostalgia, quizás abatimiento. No lo sé y tampoco me importa. Me mira sin observarme, impasible y  silenciosa. Su rostro de porcelana, arrugado e inexpresivo, inunda la estancia de aflicción y pesadumbre. Es evidente que vive sola. Quizás desde hace un siglo. Quién sabe.  Me vuelvo para mirarla de nuevo y ya no está. Su silueta se ha diluido en la sombra. Engullida por la oscuridad de otro anochecer de entre miles.

Me asaltan las tinieblas. -¡Qué final más amargo! -pienso. Es triste olvidar al que ha muerto, pero ¡cuánto lo es olvidar al que aún siente!  Qué triste el final de tantos ancianos abandonados a su suerte, condenados al olvido. Pudriéndose lentamente junto a la casa que los vio nacer, entre húmedas paredes. Sentenciados a morir solos, sin el tacto de una mano afectuosa. Sin el consuelo de la familia o el calor de un abrazo tranquilizador. Desterrados otros. Confinados en residencias de suelo blanco y zuecos de farmacia. Ajenos también al cariño, solo exigible al que sirve por amor y no para cobrar un sueldo. Esperando el final, casi con impaciencia, creyéndose estorbos. Despertándose al repicar de la campana de una mujer con bata blanca. Marchitándose junto a aquellos que, como barcos a la deriva, han perdido el anhelo de despertarse de nuevo. Aquellos que, evocando lejanos recuerdos mientras una desconocida les sirve un plato de sopa fría, contemplan un gris y mortecino anochecer de febrero.